lunes, 24 de diciembre de 2012

24 de diciembre de 2012

  Como venía diciendo, hay un post gestándose en algún cortocircuito neuronal, pugnando por salir y ver "la luz blanca tras el túnel". Final = principio. Este blog hace bastante que anda deambulando por los callejones de la paranoia del fin del mundo, esa necesidad de clímax insatisfecha que parece sufrir la comunidad de terrícolas. No comparte la paranoia, pero le gusta reírse con ella. También le gusta la paranoia, porque habla de un deseo. Mucha gente esperando que algo pase y los noticieros no hablan de eso, porque no es un deseo fomentable para ellos, sino simplemente un deseo que puede trasladarse a la primera bengala que llegue al cielo el 25 o el 1° a las 0 horas. Realmente me encantaría que se invirtieran los polos y la tierra empezará girar para otro lado y a distinta velocidad, cosa que no ocurre desde hace 780.000 años (y antes de eso cada 200.000, por qué será?). Si esto pasara los terrícolas no correríamos ningún peligro, simplemente pasaría algo: el ansiado clímax. Siguiendo con la comparación, el clímax siempre debe estar relacionado a un otro, porque el unitario genera una especie de incomodidad, o tabú latente. Ese tabú nos dice que va a pasar algo si otro, más poderoso e inmutable, lo hace, y que uno no puede ser más que un espectador, expectante. El planeta, si girara para el otro lado, tendría la capacidad de sincronizar nuestros relojes internos con otra partitura (el planeta, ese otro poderosísimo), y devolvernos nuestro perdido sentido de "célula" de un organismo vivo. Esto huele demasiado a ficción y no es posible que el final sea lógico, así que termino con una pregunta: ¿se espera concepción después del clímax?

Uccello el pelo

Copio acá el texto de Antonin Artaud que todo aquel que visita este Blog debería leer (así de tirana soy). Se  me ocurre que debería haber sido el primer post publicado acá, aunque en su momento me contenté con un enlace que está perdido en algún rincón de este Blog. El final será el principio? Nooo todavía, tengo un nuevo post gestándose en algún cortocircuito neuronal. Basta de preámbulos!:

Antonin Artaud: Uccello el pelo

Para Génica

Uccello, mi amigo, mi quimera, has vivido con ese mito de pelos. La sombra de esa gran mano lunar donde imprimes las quimeras de tu cerebro jamás llegará hasta la vegetación de tu oreja, que gira y hormiguea a la izquierda con todos los vientos de tu corazón. A la izquierda los pelos, Uccello, a la izquierda los sueños, a la izquierda las uñas, a la izquierda el corazón. Todas las sombras se abren a la izquierda, naves, como orificios humanos. La cabeza recostada sobre esa mesa donde toda la humanidad se tambalea, qué otra cosa ves que la sombra inmensa de un pelo. De un pelo como dos bosques, como tres uñas, como un pastizal de pestañas, como un rastrillo en las hierbas del cielo. Estrangulado el mundo, y suspendido, y eternamente vacilante sobre las llanuras de esta mesa plana donde tú inclinas tu cabeza pesada. Y a tu lado cuando interrogas los rostros, qué ves sino una circulación de ramificaciones, un emparrado de venas, la huella minúscula de una arruga, el ramaje de un mar de cabellos. Todo es giratorio, todo vibrátil, y qué vale el ojo desprovisto de sus pestañas. Lava, lava las pestañas, Uccello, lava las líneas, lava la huella temblorosa de los pelos y las arrugas sobre esos rostros colgados de muertos que te miran como huevos, y en tu palma monstruosa y llena de luna como de un alumbrado de hiel, aquí tenemos todavía la huella augusta de tus pelos que emergen con sus líneas finas como los sueños en tu cerebro de ahogado. De un pelo a otro pelo, cuántos secretos y cuántas superficies. Pero dos pelos uno al lado del otro, Uccello. La línea ideal de los pelos intraduciblemente fina y repetida dos veces. Hay arrugas que dan vuelta a las caras y se prolongan hasta el cuello, pero bajo el cabello también hay arrugas, Uccello. Por eso puedes dar toda la vuelta a ese huevo que cuelga entre las piedras y los astros, y es el único que posee la animación doble de los ojos.
Cuando pintabas a tus dos amigos y a ti mismo en una tela bien tendida, sobre la tela dejaste como la sombra de un extraño algodón, en lo cual discierno tus pesares y tu pena, Paolo Uccello, mal iluminado. Las arrugas, Paolo Uccello, son cordones, pero los cabellos son lenguas. En uno de tus cuadros, Paolo Uccello, yo he visto la luz de una lengua en la sombra fosforosa de los dientes. Precisamente con la lengua llegas a la expresión viva en las telas inanimadas. Y precisamente de ese modo es como yo, Uccello todo envuelto en tu barba, vi que me habías comprendido y definido de antemano. Bienaventurado seas, tú que has tenido la preocupación rocosa y terrateniente de la profundidad. Tú viviste en esta idea como en medio de una ponzoña animada. Y en los círculos de esta idea giras eternamente, y yo te persigo a tientas con la luz de esta lengua como hilo, que me llama desde el fondo de una boca milagrosamente curada. La preocupación terrateniente y rocosa de la profundidad, yo que carezco de tierra en todos los grados. ¿Realmente presumiste mi descenso a este mundo infame con la boca abierta y el espíritu perpetuamente asombrado? ¿Presumiste esos gritos en todos los sentidos del mundo y de la lengua, como un hilo extraviadamente devanado? La larga paciencia de las arrugas es lo que te salvó de una muerte prematura. Porque, yo lo sé, tú habías nacido con el espíritu tan hueco como yo mismo, pero pudiste fijar ese espíritu sobre algo menos todavía que la huella y el nacimiento de una pestaña. Con la distancia de un pelo, te balanceas sobre un abismo temible y del que sin embargo estás para siempre separado. Pero también bendigo, Uccello, muchachito, pajarito, lucecita desgarrada, bendigo tu silencio tan bien plantado. Fuera de esas líneas que avanzas con la cabeza como una fronda de mensajes, de ti no queda más que el silencio y el secreto de tu bata cerrada. Dos o tres signos en el aire; cuál es el hombre que pretende vivir más que esos tres signos, y a quien, a lo largo de las horas que lo cubren, pensaría uno en preguntarle más que el silencio que los precede o los sigue. Siento que todas las piedras del mundo y el fósforo de la extensión que acarrea mi paso se abren camino a través de mí. Forman las palabras de una sílaba negra en los pasturajes de mi cerebro. Tú, Uccello, enseñas a no ser más que una línea y la capa elevada de un secreto.

domingo, 21 de octubre de 2012

Ensayo de Bitácora propiamente dicha

 
 Supongo que voy a quedarte debiendo la poesía que te hubiera gustado leer acá, será para otro día...
Porque hoy tengo ganas de hablar de los baños públicos (¿por qué esa idea fija?) Exactamente es para exorcizarme de esa idea... la escritura como exorcismo, el blog como exorcismo, siempre lo mismo.
  Es domingo, llueve como si nunca hubiese llovido, como si las nubes hubiesen decidido recordarnos que es domingo. Llueve y por esa razón ajena a mi voluntad estoy atrapada frente a la computadora de mi hermana. Pero ahora me acuerdo de haberme metido en ese maldito baño (¿será por el sonido del agua?). No quedaba otra que meterme en ese maldito baño de mala muerte o sufrir la humillación pública (horror de rememorar la infancia). Dos, tres minutos respirando pestilencia. Sí, los baños públicos de mujeres también son pestíferos.
  La puerta del baño está totalmente cubierta con pensamientos, anhelos, dudas existenciales, diálogos, no puedo evitar detenerme a leer y no puedo dejar de pensar ¿por qué si yo no veo la hora de cruzar la puerta para respirar alguien se detuvo unos minutos para escribir en ese lugar sus dudas existenciales? Me lo imagino, mientras la susodicha busca papel higiénico en la cartera, ve el fibrón y no resiste la tentación de dejar su huella en el receptáculo de ideas que es la puerta del baño. Miles y miles de mujeres desprevenidas (y hombres, quién sabe) mientras buscan papel higiénico y hacen malabares para no mojarse los zapatos en el piso mojado, o para no llevarse restos de papel en el zapato, o para no llevarse restos de nada indeseable, se encuentran con las dudas existenciales a flor de puerta, frente a sus narices fruncidas. Reflexiones acerca de los géneros (femenino, masculino) que incluyen los últimos estudios acerca de la arbitrariedad de hacer definiciones tajantes. La mala fama de todo lo que pueda considerarse como "absoluto". Opiniones a favor y en contra, la versión marxista (siempre), uno que otro insulto (qué ingenua que sos nena, anda a leer a pepito y a juancito), un teléfono, un mail, tachones (sí, censura o autocensura en el baño), lo que soñó la vez pasada, la receta para sufrir menos, las últimas novedades de su vida sentimental. Todo eso por verse obligada a usar las instalaciones del baño de la institución. Sigo con mi pregunta: era tanta la tentación del fibrón indeleble o del rincón de puerta en blanco? Si no hubieras tenido el fibrón, ¿qué hubieras usado? Me encantaría que alguien me respondiese.
  Quizás la única manera de sacarme la duda (¿existencial?) de la cabeza sea llevando un día de estos un fibrón indeleble al baño, barbijo de por medio. A lo mejor sólo gano un par de insultos (¿no tenés nada mejor que hacer nena?!) o quizás pueda compartir la respuesta en algún espacio en blanco que encuentre por ahí.
 
Puerta egipcia al Más Allá

domingo, 15 de julio de 2012

La aventura de los crucigramas

  Se que los lectores de este blog están acostumbrados a encontrarse con temas importantes como la economía mundial, la contaminación ambiental, el por qué de la vida humana, los últimos adelantos científicos, etc, pero lamento informarles que hoy van a encontrarse con la lectura sobre algo tan trivial como los crucigramas, y una breve historia que viene al pelo para la introducción.
  El post fue inspirado por una persona que conozco, no crean que acá todo se trata de mí y nada más que de mí. Ejem. Prosigo...

  La susodicha persona de edad 29 años, estado civil soltera, ojos castaños oscuros (color de río Paraná un día nublado para ser más exacta), cabellos marrones oscuros (pegan con los ojos), piel color argentino de 29 veranos con sol cada vez más tropical, estatura media para abajo, contextura delgada pero proporcionada, con pecas y lunares a discreción, fue un día frío al supermercado chino de la vuelta (uno de portón azul llamado "Estrella" o "Lucero", aunque todos se llaman más o menos parecido, tal vez ahorren algo de impuestos así, quién sabe- igual la persona en cuestión va a comprar ahí para ahorrarse algo de IVA y de Impuesto a las Ganancias). Al llegar a la puerta, miró a su alrededor y pudo descubrir una hoja tirada en el piso (no se extrañen los extranjeros de que haya una hoja tirada en el piso). Lejos de pensar que la hoja era un problema para la limpieza de la ciudad (de Rosario) se detuvo en el dibujo de un crucigrama sin resolver, reluciente y magnético, que ostentaba una de las carillas del diario. Para ella fue como encontrarse con un tesoro invaluable, o con una fuente eterna de petróleo y de agua dulce. Se le cruzo por algunos segundos la idea de levantar la hoja y llevársela a su casa pero como no se decidía volvió a lo que estaba por hacer (comprar en el super), aunque tardó mucho más en sacarse esa imagen de su cerebro, hecho de cuadrículas verticales y horizontales, a veces transversales. Lo primero que hizo cuando llegó a su casa fue agarrar los crucigramas que tenía guardados para momentos críticos de abstinencia y comenzó a resolverlos uno por uno lo más rápido posible.
  Me contaba que mientras no los veía no pasaba nada, el problema era cuando los veía...Ese día no levantó la hoja del suelo por vergüenza: los demás podrían darse cuanta de su terrible vicio y de ahí en más señalarla con el dedo (así piensan algunos viciosos): los ojos del chino posados en su nuca, la evidencia misma de su  pecado.
  Imposible de inventar lo que me contó sobre cómo logró reunir tantos crucigramas de diarios: en cualquier casa que visita si ve una pila de diarios destinados a la destrucción busca la hoja de los crucigramas y se la lleva sin preguntar nada a nadie. La resolución no pasa del fin de semana porque, igual que para muchos viciosos, es el momento más difícil para el estado de abstinencia. Pero ahora vayamos a lo que motivo la escritura de este post...
  Ojeando uno de los crucigramas, casi todos resueltos completamente o en gran parte, anoté unas definiciones que me llamaron la atención, y las comparto acá para ver si logran adivinar la respuesta, otro día escribo las respuestas (es que me gusta la idea de generar suspenso):

1- Conocer y saber juntar las letras:_ _ _ _
2- Tienen amor:_ _ _ _
3- Onomatopeya de la voz propia de la gallina clueca (sólo para divertirme):_ _ _
4- *PARRICIDIO (aparece así en el crucigrama, qué difícil la respuesta):_ _ _ _ _ _ _ _ _ _ 
5- Que no tiene compañía, aislado:_ _ _ _ (es la más admisible de las inadmisibles)
6- Género de mamíferos félidos y carnívoros, domésticos muy comunes:_ _ _ _  

  Digo adivinar  porque las respuestas parecen no seguir una lógica, o las definiciones adolecen de ella (excepto la de la gallina clueca). Había otras cuyas definiciones aparecían exactamente igual que en el diccionario más básico y más viejo, abstrayendo todo lo que el uso puede hacer para enriquecer o modificar  una palabra, pero por ahora dejo estas, y me despido hasta muy pronto.

miércoles, 4 de abril de 2012

El garage está lleno de porquerías


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  Me compré una repisa usada y despintada en una casa, y al reciente dueño de la casa que vendía los muebles de su recién fallecida madre. No se bien como es la historia, sólo que los muebles molestaban y había que venderlos a la brevedad.  La repisa baratísima, usada y despintada en poco tiempo va a estar lijada y con un patinado color ladrillo que la va a hacer olvidar de sus tiempos de poca gloria.
Me encanta contarle a todo el mundo que me compre una repisa vieja (y le digo repisa en lugar de biblioteca, no se por qué, tampoco tengo que saber el por qué de todo, esa etapa la superé -creo- en la infancia cuando después de preguntar el porquédetodo nadie me supo explicar elporquédenada, y me dijeron tantas veces porque sí), entonces también lo cuento acá, porque ¿qué otra cosa pretende uno leer en un blog? Tal vez algo así como:

¿Que significado puede tener para Usted el adquirir un objeto usado?
 Y más aún si es antiguo, porque seguro es de mejor calidad que las cosas que se hacen ahora. Antes se hacían las cosas para durar y ahora para no durar más que la distancia entre un aguinaldo y otro, un tiempo más que suficiente para tener algo de dinero extra para reponer al trasto pasado de moda. Porque probablemente el trasto todavía sirva un semestre más pero (énfasis en la palabra pero, doble énfasis por este paréntesis) pero ya paso de moda, y se ha vuelto una piedra que entorpece el girar de la rueda del capitalismo ¡Oh! ¿De qué van a vivir nuestros pobres empresarios si le quitamos el sustento que le brindan nuestros aguinaldos y nuestras tarjetas de crédito creados para reemplazar a esos horribles trastos viejos? ¡Oh!
  Tiremos nuestros trastos viejos, la ropa del año pasado, usemos botellas plásticas no retornables, aerosoles a full, tiremos las pizzas a medio morder, los souvenires de cumpleaños de 15, de fiestas infantiles o del día de la marmota. Hagamos muchos souvenires de cumpleaños de 15, fiestas infantiles o del día de la marmota, para que terminen indefectiblemente en el contenedor de basura más cercano. Tiremos a la basura el día de la marmota y los peluches de la tortuga Manuelita que reemplazamos por los de Barney. Tiremos botellas de vidrio rotas en el medio de la montaña y escribamos nuestro nombre con aerosol al lado para que nos puteen con nombre y apellido. Tiremos también la basura al agua porque para qué otra cosa la queremos más que para beberla. Ni que fuese indispensable para la vida...

Insisto otra vez:
¿Qué significado puede tener para Su Vida el adquirir un objeto viejo, usado y/o antiguo?
  Hay algo que me encanta de las casas de antigüedades, las librerías de usados, las compra-venta de muebles, esos lugares que venden los vinilos del abuelo, las ferias de artesanías, los collages hechos con cosas que normalmente van a parar al tacho, y no es el olor a viejo (o tal vez sí, el olor de las hojas amarillentas de esos libros leídos mil veces). Tampoco digo que haya que acumular objetos sin valor, o con valor pero sin uso. Uno no los usa pero otro puede que sí. ¿Por qué no vende o regala esa alacena que guarda para cuando su tataranieto se vaya a vivir solo y le diga que no le gusta?. El garage está lleno de porquerías. Y el patio está lleno de porquerías. ¡Ay! se queja ¿no escuchan el quejido? Cómo se retuercen las raíces y lloran los ríos subterráneos.

miércoles, 4 de enero de 2012

Fragmento pos(t)navideño y tardío

Lo reconozco, tropecé con el blog tarde aunque el fragmento de esta conversación que voy a copiar más abajo está en mi cabeza desde el 26 de diciembre. Creo que lo copio acá para exorcizarme de él y dar lugar en mi cabeza a otras cosas:

-Papá Noel te trajo un juego trucho (niña de 10 años le dice a su hermanito de 5. El niño empalidece de perplejidad. Mira el juego varias veces).
-No puede ser (sigue mirando el juego y  la pantalla esperando un milagro navideño).
-Se debe haber equivocado (dice un adulto ingenuo tratando de salvar la situación).
-Papá Noel nunca se equivoca (dice el niño).
-Te trajo un juego trucho, hay que decirle a mamá (dice la niña con un poco de incredulidad mientras el niño parece imaginar a su mamá retando a Papá Noel, pero quién sabe). 

El adulto, más confundido que el niño, no tiene mejor idea que copiar este fragmento en un blog.

Pregunta gravitante no minimalista

  No, el fin del mundo no se termina nunca, como tampoco se termina el fin, solo se estira sin temer a que se desgarre. El fin está a la vuelta de la esquina, a pie de página, cuando la aguja parpadea intentando evadirse del centro. Se trata de movimientos imperceptibles y continuos siempre alrededor de un centro. Y sí, cuando la vuelta se termina el extraterrestre de turno observa como la tierra envía señales desaforadas de luces, ruidos, estallidos de risas, llantos y palmadas en la espalda. El efecto es el de una onda luminosa y ruidosa que como un tsunami recorre todo el planeta acompañando la vuelta que éste da sobre sí mismo. No interesa tanto el fin como el principio. La conclusión posible sería que representarse el fin como tal es imposible, en realidad es más como un escalón, como una valla, como el cordón de la vereda, y menos como el abismo que imaginaban los antiguos occidentales (y orientales) un poco más allá de la línea del horizonte. Si lograbas llegar hasta allá la caída libre terminaba en la pata de un elefante o en el caparazón de una tortuga.
  Por supuesto, parece que quiero llegar a algo que no está libre de contradicción y sí está libre de racionalización. No importa, lo voy a escribir igual. El ser humano, ser finito, se sabe mortal pero no puede representarse como finito, y sí puede representarse sin problemas el infinito (y en consecuencia, como infinito él mismo). Imagino ahora una horda de libros de filosofía, religión, psicología, antropología, arrojándoseme (qué construcción verbal rara, no?) para que lea más y escriba menos pavadas. El ser humano no puede representarse el fin y por eso inventó los relojes. La noche es una pausa. El punto es una pausa. La enfermedad es una pausa. La pausa es el silencio en la melodía. El reloj es la maldición del capitalismo (y esto no tiene nada que ver). El fin del mundo es una siesta abajo de un árbol un día templado y agradablemente ventoso. O una gota de agua helada cayendo desde las máquinas de aire acondicionado en nuestras espaldas un día extremadamente caluroso tras una larga caminata por el centro de la ciudad de Rosario. La muerte ¿qué es eso?
 Quiero aclarar antes de irme a dormir que los párrafos precedentes tienen sentido hoy a las 3:53 de la mañana. Digo de la mañana porque la noche no es el fin del día anterior sino el principio del día siguiente, así como el domingo no es el último día de la semana sino el primero ¿Seguiré hablando de lo mismo? Insisto, mañana no sé si va a tener algún sentido esto que acabo de escribir, pero me divierte escribir mañana, aunque va a ser hoy dentro de un rato, pero en realidad ni mañana ni hoy tienen sentido.
Me voy a dormir...