martes, 19 de mayo de 2026

Fin del mundo del fin

Traigo por aquí este o texto que publiqué en el blog por el 2020, porque me recuerda a un tema que estamos viviendo hoy. No te voy a decir cuál es, aunque es más que evidentemente. Quién dice que vuelva a escribir por acá un poco más seguido...
                                      
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Hace mucho leímos ese cuento de Córtazar, Fin del mundo del fin, esa apocalipsis que leímos como un absurdo, o quizás como una exageración, o como ambas cosas a la vez, o quizás no lo leímos y nos perdimos esa magia del momento, porque leerlo hoy no es lo mismo, diríamos enseguida "internet", y se esfumaría un poco esa magia (vuelvo a decir "un poco", sólo "un poco"). Pero también diríamos nació otro mundo, y esto también significa que otro murió, el que no sucedió, el que quedó en el reino de las posibilidades, las que se están realizando en un universo paralelo, o no, porque los mundos paralelos existen o no, quién sabe. Existen tantos mundos paralelos como posibilidades no realizadas en éste, tantas posibilidades como mundos paralelos. Así que sería mejor olvidarnos de las posibilidades, en este que es el "reino animal del espíritu" (Hegel).

Entonces, pensando en el cuento, en la muerte del lector, ese miedo por excelencia del autor, es el miedo a su nulidad y a la muerte del mundo imperante para ellos. De repente, si todos somos escritores y todos disponemos de un medio para publicar nuestros escritos, todos nos dedicamos lisa y llanamente a escribir, y dejamos de leer. Cada escriba está encerrado en su mundo, sin comunicación con los demás.

Pero no, los escribas causaban el fin del mundo, no los escritores. El escritor lee, ante todo, porque es una parte esencial de su quehacer. Los escribas, en cambio, copian. No crean, no se leen. Consumen de forma desmedida, y es tal su nivel de deconexión con la vida, que destruyen todo.

Este ensayo de apocalipsis que estamos viviendo en este momento, se parece al apocalipsis de los escribas, salvo que los textos que circulan en redes no ocupan un lugar físico, aunque es cierto que peligra la naturaleza a causa de todas esas señales emitidas por las antenas WiFi. Circulan noticias falsas que inundan a las personas de miedo, estamos encerrados por miedo a enfermarnos, aunque encerrados podemos enfermarnos de cosas peores. Acá hay un corte, hasta acá vivíamos de una manera y a partir de ahora vamos a vivir de otra. Tenemos tiempo suficiente para adaptarnos al cambio, reflexionando en la soledad de nuestras casas.

Solo deseo que el experimento salga mal, que salgamos con menos miedo, más críticos, menos conformistas, que seamos capaces de abandonar el consumismo desmedido. Ya vimos que el consumismo no llena ningún vacío, alimenta el vacío, es una simulación. Este apocalipsis tampoco es real, es una simulación. El miedo a que alguien respire al lado mío es un miedo fingido, actuado, insertado, nadie quiere vivir así. Eso es lo que enferma, no ver/ no poder/ no querer ver a quienes están al lado nuestro.

Queremos ver, tocar, abrazar, besar, compartir el aliento, el sudor, tomarnos de las manos. Tacto, olfato, gusto, no solo vista y oído a través de aparatos. Compartir momentos en simultáneo, la complejidad de la interacción de cuerpos, mentes y espíritus. Lo sutil que dura un milisegundo.


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