Se busca un estilo
original, otoñal, convincente
válido, transparente, multifacético
violento, enajenado y atiborrado.
Que lluevan montañas de árboles metonímicos
que la metáfora sea un hervidero de hormigas asesinas
y tras el llanto del Ser, del Hombre, y del Cielo
se formen arcoíris de palabras-hechos.
Que el estilo surja de la entraña misma del subsuelo
de la profundidad enmarañada y enraizada
y que los efluvios floten, languidecidos, en armónica danza.
Pero que al encontrarse uno con el otro,
—y al reconocerse uno en el otro—,
dupliquen sus fuerzas y aumenten el pulso
hasta que el choque fortuito las disperse
y envíe sus haces a los lugares más recónditos.