lunes, 14 de octubre de 2013

El día que fui a una vidente

Sí, una vez fui a una vidente. En realidad fui arrastrada a ella por la fuerza de la casualidad -o la causalidad, no siempre entiendo la diferencia. Una persona que conocía había decidido ir a visitar a una pariente suya con poderes premonitorios y me pidió que la acompañase, “para ver qué te dice”. Subimos en ascensor los 7 pisos hasta su departamento. Fue la primera vez que vi rejas en el interior de un edificio, que me recordó un poco a una cárcel (tengo pensado hacer un álbum de fotos titulado “edificios-cárceles en plena orbe”). Las rejas eran blancas y formaban figuras enrevesadas, laberínticas.
Apenas entré la vidente me miró de una manera inquietante, fija y concentrada. Como queriendo leer algo, valga la redundancia. O quizás yo la miré como pensando que quería leer algo en mí y ella me miró sabiendo que yo esperaba que ella leyera algo. En ningún momento expresé mi deseo de conocer mi futuro, por eso me sorprendió que cuando menos lo esperaba ella tomara mis manos y comenzara a leerlas. Entonces no habría duda de que lo que dije antes sobre su mirada había sido impresión mía, porque lo que había que leer estaba en otro lado. O ya había leído y lo de las manos era su acting. Sin embargo, había algo en sus ojos, una profundidad oscura e indescifrable. Una especie de iris opaco. Estaba más que claro que había alguien que miraba y alguien que era mirado, que los roles estaban definidos de una forma y no de otra, que yo no podría jamás mirarla a ella.
De las cosas que me dijo algunas se cumplieron y otras no, por ejemplo que un conocido iba a recomendarme para un trabajo. Al poco tiempo (un poco menor del que ella predijo) estaba trabajando y un conocido me había recomendado…Lo que nunca hubiera podido saber, o no hubiera querido revelar, porque hay algo de final feliz en la videncia, es que el trabajo, relucía demasiado...como toda solución que pretende ser la solución a todos nuestros problemas, huele a magia amortizada, puro polvo que se desvanece en pocos segundos.
Otra cosa que me dijo es que en dos años iba a vivir con mi futura pareja, a la que todavía no conocía. En ese momento había conocido a alguien, por eso pregunté de nuevo si ya lo conocía. Me dijo de nuevo levantado sus cejas con aires de seguridad que NO. Igual seguí saliendo con esa persona, pero alguna vez vi flotar a mi alrededor esa pregunta, de si alguien podía en su sano juicio hacer caso a una vidente. Digamos, si alguien podría haber decidido dejar a la persona que está conociendo por la persona que supuestamente va a conocer, la que le está “destinada”. Pasaron más de dos años, no conviví con nadie, no tuve esos dos hijos tampoco, ni abrí el negocio con mi pareja, para resumir en ese tiempo nada parecía inclinarse a favor de lo que comúnmente se llamaba (porque últimamente no lo escucho) “sentar cabeza”. Asentarse. Sentarse. Ser sedentario. Soldarse a una silla, siempre la misma, que a su vez está soldada, siempre en el mismo lugar. Desde la seguridad del asentamiento podrían desplegarse alas. Pero en realidad son ramas absortas en la contemplación de un cielo inconmensurable. Si somos dos caminemos de la mano, pero no nos sentemos, por lo menos hasta que nuestras piernas ya no lo resistan, hasta que nuestros cerebros estén encanecidos y debilitados.
Más o menos a los dos años, estaba conviviendo con amigos y parientes. ¿Habrá visto mal? Siendo una situación quizás atípica, pudo haber “leído mal”. Imaginaba la videncia exactamente como eso, como ver imágenes que podían ser interpretadas o malinterpretadas. En el fondo quería creerle, parece. Hacer lo posible por encontrarle un lugar a un relato que no lo tenía.
Cuando le pregunté por mis estudios, me dijo “vas a hacer lo que vos quieras”. La respuesta parecía hecha a mi medida. El problema era desearlo lo suficiente, cosa que normalmente tambaleaba y se disfrazaba de cosas distintas. Ok, el problema es averiguar si realmente quiero lo que quiero, o en su defecto, averiguar qué mierda quiero. Depende de mí, de que mi voluntad harapienta se ponga a remendar. ¿Si no termino la carrera es porque en realidad no quiero? La respuesta ahora me parece funcional, y en algún punto tranquilizadora. Tener la posibilidad de hacer lo que sea que uno quiera, no simplemente lo que pueda. ¿Habrá sido también psicóloga esta vidente?. Al momento parece que todavía quiero terminar la carrera...
Hace poco me contaron sobre una vidente que tenía información bastante precisa acerca de algo que tenía preocupado a mucha gente. No le creí, la persona que me contó tampoco, ni ninguna de las personas que lo escucharon. Me indigné buscando una explicación a su “videncia maliciosa”: si estaba segura de lo que sabía, ¿por qué no lo decía a los que podrían haber hecho algo con la información? Si no estaba segura, ¿para qué lo decía? ¿estaba segura de que nadie iba a creerle? ¿realmente no intentó decírselo a quienes importaba?¿adivinó o tuvo suerte como quien juega a la lotería? Ninguna respuesta cierra, pero prefiero no cruzarme con alguien quizás infalible. No me interesa saber lo que me espera, sino sorprenderme, sentarse no tiene ninguna gracia, no existen ni los finales felices ni las soluciones mágicas y perdurables. Si la vidente que me “leyó” adivinó algo, es que no iba a creerle o que en todo caso no quería realmente conocer mi futuro. Sigo queriendo atribuirle un acierto, en el fondo soy optimista. Y también en la puerta de mi casa, y en la vereda y probablemente también en el colectivo. Solamente una cosa “vas a hacer lo que vos quieras, lo que te propongas”, nada más. Aunque parezca contradictorio la vidente me dijo que el futuro no existe, como algo ajeno o predeterminado, porque es lo que quiero que sea. Qué lindo moño que le puse. Ni el Destino, ni Zeus, ni los dioses rebeldes, ni los demiurgos, en todo caso, videntes a los que no hay que creerles, o más vale que mientan.