domingo, 28 de febrero de 2010

Espejos!

¡Cuántos espejos!
Rosados, sombríos, ensimismados
Azules, opacos, convexos
De latitudes llanas, rocosas, persistentes

La lupa engranada entre mi antorcha y el acero
Dónde mi mundo se reduce a un punto en el espacio
Y el asco de ser subterráneo
Y el asco de las autopsias tempranas

¡Espejos, espejos por todas partes!
Nada de paredes, sino espejos
Subsumida en el latifundio de unos ojos inescrutables
Que todo lo acechan
Que nada desplazan
Me perdí en el laberinto
Perenne, aggiorando
De los espejos
Que pusiste junto al ara de todas las aras
Para que se arrodillen los infieles
Y se estrangulen mis entrañas.

L. M.