viernes, 20 de septiembre de 2013

Doble o nada

Cuando llego tarde
los relojes adelantan las horas
todos, menos el mío.

Cuando llego a tiempo
todos llegan quince minutos antes.

Cuando llego temprano
el mundo se confabula
para amanecer tarde

Cuando llego primero
los últimos son los primeros.

Cuando llego a lo último
los primeros son los primeros.

Si pudiera arreglar mi reloj
mecánico-biológico-psicológico-espiritual
no tendría que esperar hasta el aburrimiento
no tendría que correr hasta el cansancio.
no tendría que llegar para los aplausos

(Y en la calle codo a codo
seríamos mucho más que dos).

Cierto que tengo un Blog!

¡Hace cuánto que no ando por acá! La culpa la tiene el tiempo, siempre se me escapa, siempre está corriendo y yo atrás tratando de atraparlo, de abarcarlo, de  lentizarlo. Alguna vez escribí: si me cuelgo de las agujas del reloj tal vez ellas se detengan un momento y me contemplen mientras me permiten también contemplarlas. Queda mejor en verso:

Me cuelgo de las agujas del reloj
para quitarles impulso
tal vez así ellas detengan sus pasos
y me contemplen
mientras yo me veo en sus pupilas.

Pero el tiempo es una hoja seca
que se quiebra en mis manos.

 Creo que todos los que leen este blog, los 3 o 4 que lo hacen, saben que estuve leyendo el Manual de estilo de Raymond Queneau y que estoy yendo a un taller de escritura desde principios de año.  El taller fue el promotor de la lectura de ese libro. Pero no creo que les haya contado lo que pensé cuando leí este relato con estilo "torpe". Lo pego acá para que lo lean:

Torpe



No tengo costumbre de escribir. No sé. Me gustaría escribir una tragedia o un soneto o una oda, pero están las reglas. Eso me corta. No son cosas para aficionados. Todo esto ya está muy mal escrito. En fin. En todo caso, hoy he visto algo que me gustaría mucho asentar por escrito. Asentar por escrito no me parece muy acertado. Debe de ser una de esas frases hechas que repelen a los lectores que leen para los editores que buscan la originalidad que les parece necesaria en los manuscritos que los editores publican cuando éstos han sido leídos por los lectores a quienes repelen las frases hechas del tipo «asentar por escrito» que es, sin embargo, lo que me gustaría hacer con una cosa que he visto hoy, aunque yo sólo soy un aficionado a quien cortan las reglas de la tragedia, del soneto o de la oda, porque no tengo costumbre de escribir. ¡Joder, no sé cómo me las he arreglado pero ya estoy otra vez al principio! No me vaya aclarar nunca. Da igual. Cojamos el toro por los cuernos. Un tópico más. Y, además, el chico aquel de toro no tenía nada. Mira, eso no está mal. Si escribiese: cojamos al mequetrefe por el cordón de su sombrero de fieltro a un largo cuello pegado, a un cuello superlativo, tal vez eso seguramente sería original. Quizás cosas así me permitirían conocer a los señores de la Real Academia, del Gijón y de la editorial Cátedra. Al fin y al cabo, por qué no iba a hacer adelantos. La práctica de escritura hace maestro en literatura. Qué bien me ha salido eso. Aunque no hay que perder los estribos. El tipo de la plataforma sí que los perdió cuando se puso a insultar a su vecino con el pretexto de que este último le pisoteaba cada vez que se encogía para dejar subir o bajar a los viajeros. Lo mismo que cuando, después de haber protestado de aquella manera, se fue deprisa a sentarse en cuanto vio un sitio libre dentro, como si se oliese los palos. Mira, ya he contado la mitad de mi historia.
No sé cómo lo he hecho. Hasta es agradable esto de escribir. Aunque queda lo más difícil. Lo más duro. La transición. Y aún peor porque no hay transición. Mejor lo dejo.

Supongo que ya lo saben, es bastante evidente que es un estilo que usé mucho en este blog (para el que ando buscando un editor ortográfico y gramatical, ad honoren, indignación garantizada). Me ofendí un poquito cuando leí la palabra "torpe", pero ¡es torpe!. Un texto que no sabe cómo empezar, hacia donde va, qué va a contar y que es testigo del golpeteo rítmico de las teclas sin ningún fin evidente, que termina abruptamente o en la nada (o cuando me echan de la Biblioteca donde lo estoy escribiendo). Lo mismo pasa con los comentarios. Lo mismo pasa también con mi vida. Tal vez. Esto da para mucho. Mejor lo sigo otro día!