sábado, 11 de diciembre de 2010

Preámbulo

Desde el reino animal del espíritu, o ni siquiera desde ese bautizado así por Hegel, sino desde uno mucho más abajo, así que mejor dicho, desde el subterráneo del reino animal del espíritu, que nadie quiere revisar porque está lleno de cosas en desuso, oxidadas y llenas de polvo desde hace 50 años, puedo decir cosas extrañas, aludiendo a una libertad disfrazada, no de tinta esta vez, sino de caracteres electrónicos. Me arrepiento de nuevo, porque escribo desde una habitación que espía desde una hendidura el subterráneo en desuso del reino animal del espíritu, aunque quizás cuando termine de escribir esto que todavía no sé qué es, o qué va a ser cuando lo de por terminado, asuma que ni siquiera espío por esa hendija, sino que estoy más lejos, espiando a través de un pasillo con unos binoculares con aumento, lo que hace muy poco nítido lo que observo. Podría también agregar una cortina de humo en la habitación que da al pasillo en el que estoy, oscuridad o vapor de agua que empañe los binoculares, y así, en suma, estaría en una habitación oscura y llena de humo, espiando con unos binoculares empañados tratando de ver, a través de una pequeña hendija que está al final del pasillo también oscuro y lleno de humo, el subterráneo del reino animal del espíritu. Compliqué un poco la imagen, es una obsesión que tengo con los matices, bastaba con decir que estoy lejos del subterráneo y listo.
¿Y qué es eso extraño que se podría decir desde esa habitación oscura y llena de humo, incluso después de tanto mareo? Cualquier preámbulo como este, o quizás, que todos los románticos van al psicólogo así como  todos los perros van al cielo, y que puedo hablar de los románticos como si tuviera una teoría con aval científico. ¿Y los matices? Mejor los dejamos para otro día, a la manera de Scheherezade.


El túnel del tiempo- Arte de la serie de culto de 1967

martes, 9 de noviembre de 2010

Reacciones peligrosas (todo un título)

-Las condiciones naturales son ideales, incluso las de Ph. ¡Por fin! Uno de los dos va a llegar hasta el final.
-O hasta el principio, mejor dicho... (onomatopeya que imita la risa)
-Me va a costar ganarte, a vos te gustaba esta combinación.
-¿A mí? Es decir, sí, de una manera poética, es una combinación inquietante de elementos inestables, una combinación que necesita de cuidados constantes para que no se produzca ninguna reacción química peligrosa entre estos elementos, y no veo a nadie vigilando las posibles consecuencias radioactivas. Ya sabés que este tipo de combinación me resulta atractiva, pero no me arriesgo.
-¿Estás desacelerando el paso? No me hagas esto, quería llegar después de una competencia limpia y justa.
-¿Quién se va a acordar? Hay muchos que se quedan en el camino. Otros se te van a adelantar, si no te apurás.
-Pero ninguno se queda adrede. Dale, vamos.
-Nos vamos a volver a ver, no te preocupes, ya encontré otra combinación que me interesa.
-¿Y nos vamos a acordar? Bueno, en ese caso...pero explicame mejor, antes estabas más interesado que yo. Hubiéramos podido llegar juntos...
-No les doy más de tres meses, en el estado actual de los elementos, resultan radioactivos para sí mismos. Esto como sabés, acarrea un desgaste de energía importante. O bien uno de ellos se trasforma en otra cosa, por la constante puja del otro elemento, y en este caso la combinación se volverá más inestable por los cambios abruptos y sustanciales, o ambos se transforman en otros elementos y se entregan a una reacción de cambios sustanciales y abruptos en cadena. A nivel químico se habrán empobrecido.
-Sigo sin entender, es como si dijeras que la radiación se traduce en sus pinturas. Además, no creo que esos cambios los debiliten del todo, no más que a otros elementos, y en todo caso, eso hará que la combinación sea alguna vez más estable.
-Eso si los dos se entregan a la reacción, de lo contrario uno de ellos será estable y el otro inestable, y no podrán permanecer juntos.
-En todo caso me arriesgo a la combinación, a la sucesión ininterrumpida de cambios.
-Pero ojo que vas a estar en el medio, recibiendo la radiación y no sabemos como va a ser tu reacción.
-De todos modos, esta charla me entretuvo, y me ganaron de mano, otra vez.
-Ya vas a tener otra oportunidad.
-Sii, pero la próxima vez no me hables.
-Ok.
-Mientras tanto... ¿Me contás sobre esa combinación que te interesa ahora?
-...

Being John Malcovich- Filme de Spike Jonze- 1999

domingo, 24 de octubre de 2010

Acerca de la razón, o algo así

En mi familia nadie le da la razón a nadie. Nunca.
Y aunque vuelen un par de platos...
Y sufran un par de muebles...
Lo bueno es que ninguno le da nunca la razón a nadie
porque sabemos perfectamente que ninguno la tiene.

(Y obvio tampoco creo tener la razón en esto).

martes, 19 de octubre de 2010

Horario de protección al mayor II

Los sueños son susceptibles de ser analizados, desmenuzados por psicólogos, que a su vez se toman la molestia de analizar, desmenuzar nuestras mentes, como es sabido. Los románticos de antaño -esos que no eran románticos auténticos, aunque el término se deformó como siempre suele pasar, o mejoró, esta es la razón de ser del estudio de la etimología de las palabras, igual la idea no era hablar de romanticismo, por lo menos no en un eterno paréntesis, ni de la etimología, aunque podría ser, ahora que lo pienso, la escritura automática tiene sus frutos, sus espontaneidades, y por qué no los griegos, también a un psicólogo podrían serle útiles, el continuo y no reprimido fluir de la consciencia, o del inconsciente, quién sabe, qué quería decir exactamente Bretón, si el inconsciente devenía con el fluir incesante de las ideas o se abría una puerta que conectaba esas instancias, seguro que hay alguna instancia intermedia que me estoy olvidando de nombrar, y éste debe ser el principal problema de la escritura automática, que no se puede dejar de escribir para investigar, y los errores ortográficos que quedan por corregir, y que voy a corregir después, puede ser que todo tenga que ver con túneles, pasadizos, huecos en los muros, que ya existen pero que se tapan con velos transparentes y frágiles, lo difícil no es romperlos sino encontrar donde están, ya puedo dar fin a este paréntesis al menos por hoy- no querían saber nada con la cientificización de los sueños, ese terreno donde podían vivir mucho tiempo la superstición, los sueños -valga la redundancia- los mensajes divinos, y las propinas de los adivinos.
Todo esto venía a colación de contar, ya que antes les conté el sueño y el efecto risible que podía producir, que sin embargo no era del todo risible -me gustó no haber aclarado el efecto en mí, por qué era risible, dejarlo a la libre interpretación- que la noche anterior, como me hicieron notar después, que no me acordaba, había visto un documental sobre la calificación de las películas, y la censura de las mismas, que paso de ser, o parecer, ideológica, política o religiosa, a ser meramente comercial y servir a los fines primeros de la censura. Era decirles "no hay censura, vas a poder mostrar la película donde quieras pero con la calificación que le voy a poner, la audiencia va a ser menor, y menor la cantidad de salas de cines que la proyecten". Censura comercial sigue siendo censura, porque también hay que comer, aunque también existen estudios independientes que no le piden calificación a nadie, así que podríamos cada tanto buscar, en el video, estas películas no calificadas. Esto termino siendo un consejo, qué cosa rara.

martes, 12 de octubre de 2010

Retrato

Su mente, era rosada. No lo digo porque por algún motivo odie ese color (el motivo quizás tenga que ver con el odio mismo), aunque nunca podría odiar su mente, muy por el contrario. Tampoco lo digo porque sea necesario que sea de algún color. Podría ser un sabor, un diamante, un paisaje, un gesto, algún tipo de metonimia más original. Pero no, simplemente era rosada, y en esto radicaba lo maravilloso de su existencia.
Mi mente, en cambio, era azul. El azul podría ser su color preferido. Aunque era azul, ni siquiera celeste.
Su mente, lo parecía, era rosada, de finos pétalos deslizándose en el fulgor de un rayo de luna, de finas membranas bañadas en gotas abundantes, minúsculas. Pétalos vivos, livianos, radiantes. Pétalos vívidos, como lluvia de plumas danzantes en el torso. Pétalos rosados, intensamente rosados, de luz y de incienso.
Uno quisiera poder vivir siempre con esa brisa rosada en las pupilas, en las mejillas, en cada una de las moléculas. Y quisiera, también, contagiarse de esa brisa al menos unos instantes. Irse con ella, envuelto en seda, al lugar de los castillos en las nubes y las nubes en las ventanas. De estrellas en las manos, pequeñas e infinitas, bañándolo todo, tan luminosas que mi azul queda desproporcionado, efímero, en un rincón acartonado, añorando un poco de rojo y de blanco.

jueves, 30 de septiembre de 2010

¿Cuando se termina el horario de protección al mayor?

Este post no tiene más contenido que el título, o, mejor dicho, el título contiene todo el contenido del post que importa. Es que últimamente estoy así, minimalista. Lo que sigue son detalles ínfimos, a modo recopilatorio.

Hoy soñé, o imaginé, un televisor viejo, con antenas, imagen lluviosa, y un letrero que decía: A partir de este momento finaliza el horario de protección al mayor. Me desperté de pronto, como si estuviera a punto de estrellarme contra el piso y quisiera evitar sentir el golpe. El letrero se leía en el televisor y no me causaba gracia (el inconsciente es maravilloso) pero, al levantarme, la risa fue instantánea (con todo lo que la risa implica).

martes, 21 de septiembre de 2010

Epígrafe para un capítulo no escrito

¡Ah, señores! Es posible que me considere dueño de una
inteligencia admirable basándome en que en mi vida
no he logrado empezar ni acabar nada. No soy, pues,
más que un charlatán, un inofensivo charlatán,
un pesado como todos nosotros. Pero ¿qué le voy a hacer
señores, si el destino del hombre inteligente es charlar,
es decir, tirar agua en un tamiz?

(Dostoievski- Memorias del Subsuelo)




¡Enhorabuena! Ya tengo el comienzo...

sábado, 11 de septiembre de 2010

Centro Cultural "La Alegría"

Le damos la bienvenida al Centro Cultural "La Alegría". Siéntase libre de dejarse invadir por la alegría en todas sus manifestaciones. Visite nuestro teatro de la risa. Ríase del entusiasmo, del optimismo, de la avidez, del buen humor, de la esperanza, de la confianza, de la felicidad, de la risa. Ríase con ellos, no de ellos. Aprenda a reírse de lo que realmente debe motivar la risa. En nuestro Centro Cultural no hay lugar para sentimientos de otro tipo, ni siquiera para reírse de ellos. Solamente una vez al año, en el Baile de las Máscaras, sacamos del trono al rey triste y ponemos en su lugar a nuestro rey jubiloso. Es el momento más esperado del año, el que inaugura el siguiente. En ningún otro momento nos acordamos de ese rey que ocupa el trono unos breves instantes.

Visite nuestras instalaciones. Vea como al cruzar la puerta se siente invadido por un sentimiento de algarabía y plenitud. Desde la fachada misma sentirá la diferencia, cuando lo reciba una enorme sonrisa que deberá atravesar para entrar en el edificio. Sentirá como, al ir adentrándose en el recinto, la tensión de su cuerpo comienza a desaparecer, las líneas de expresión de su rostro comienzan a relajarse, hasta que en poco tiempo, al cabo de tres semanas o un mes, desaparecerán por completo. Aprenderá a diferenciar "estar bien" de "bienestar". Usted habrá rejuvenecido. Pero no se confunda, no vamos a venderle nada, sólo queremos su adhesión a esta cruzada feliz. Queremos la unión que hace la fuerza. Queremos su enorme sonrisa en nuestros murales construidos para tal fin. Háganos depositarios de su confianza, se reirá mucho, lo garantizamos.

Posdata u obituario: la publicidad se transcribe tal como podría haber sido escrita en el caso de que pudiera serlo alguna vez.

lunes, 30 de agosto de 2010

Te quiero verde (fragmento)

Fraseos como filamentos viscosos de insectos amantes, metamorfoseándose en terruños arcillosos y fértiles, uno en el otro, uno por el otro. Como notas difuminadas en las nubes del otoño junto a las plumas del gorrión enrulándose en su canto matutino, espeso, en las corrientes que dibujan círculos de hojas amarillentas en la plaza.

sábado, 21 de agosto de 2010

Primeras inquisiciones acerca de por qué leo tan lento

No me canso del vértigo impetuoso de verme fulminada por un pensamiento, idea, concepto, metáfora, delirio, capaz de imprimir conexiones inamovibles en mi mente, capaz de desintegrarme para volverme a integrar (o no, esa es una duda que tengo hace rato). Esto es una exageración, o la apariencia de una exageración, y por eso evoco la idea de una muerte, porque agotar la materia, el por qué de que no me canso de leer, es imposible. Es decir, seguiría leyendo para poder responder por qué, y seguiría leyendo porque sí, también. Pero el motivo de estas inquisiciones es otro...
Leo tan pero tan lento porque no quiero llegar a la instancia de compromiso y posterior divorcio de la idea, concepto, metáfora, delirio, metonimia, metalepsis, silepsis, ironía, que me fulminó en una primera instancia de enamoramiento. Soy, en este aspecto bien definido y bien delimitado de mi vida, completamente inmadura. Esto no quiere decir que no pueda terminar de leer un libro, o que no pueda tener cada tanto un arrebato de pasión, sino que lo hago lento, como una púber floreciente y enamorada que espía con disimulo a su Él y luego le habla pero de manera enajenada, para vivir en ese estado de ensoñación lúcida durante el mayor tiempo posible. En este sentido, y para seguir exprimiendo aún más la comparación, pero no más de lo necesario o soportable, también debería decir que soy promiscua o fácilmente enamoradiza. Busco esa etapa de primer enamoramiento con uno y otro libro, o con varios simultánemente. Suelen pelearse entre ellos, como celosos, por la primacía. En realidad, valga seguir exprimiendo, es que no voy a poder casarme nunca.

sábado, 14 de agosto de 2010

Fragmento de una conversación de un día de invierno en este lado del hemisferio

Matilde, la nena escribe. En su cuaderno, escribe horas y horas enteras. Vaya uno a saber que le pasa. Piensa mucho las cosas. O está triste y no sabe como decirlo. En vez de ir a la plaza como los otros niños o jugar con las muñecas que le regalamos...ella, dos puntos, es-cri-be. No conseguimos nada con hacerla mirar ese programa de los sueños, después escribió sobre eso y me dijo "mirá papi, lo que escribí recién". No me mires con esa cara, sí, así como te lo estoy diciendo yo me lo dijo ella a mí, con el cuaderno en la mano. Ya sé que me dijiste que hay que seguir con eso de la psicología de no pegarle, qué se yo, que te dijo la maestra, pero todo tiene un límite...Matilde. Por favor Mati, hay que hacer algo. Mati, Mati querida ¿Matilde? ¿Matilde?¿Dónde te fuiste?

jueves, 5 de agosto de 2010

Orbitando Orbes

La ciudad pasa, por la ventana del colectivo, como viajante apurado, disperso en el dolor de sus pies fatigados y en su mente deseosa de caminar descalza.

La ciudad pesa, valijas en mano, como gruta de pinturas rupestres y tranvías oxidados, como polvo estelar latente y circular.

La ciudad, toda ella de humo, se mete en tus huesos. Y la respirás, oriundo descuidado, y la exhalás, cuando es imposible la desustancialización. El frío es un estado de ánimo, y tu cuerpo, esclavo de deliciosos caprichos, ardid de un ser malicioso, va a parar al lugar indicado del marco de pestañas. Allí, raíces invisibles se adueñan de los péndulos del reloj colgado de los rayos solares que entibian tu cabellera.

La ciudad, que siempre estuvo adentro de otra, y rodeando otras más pequeñas, se ve tan lejana, pasajera, reluciente en el lugar donde se la busca.

domingo, 25 de julio de 2010

Se busca...

Se busca un estilo
original, otoñal, convincente
válido, transparente, multifacético
Violento, enajenado y atiborrado.

Que lluevan montañas de árboles metonímicos
que la metáfora sea un hervidero de hormigas asesinas
y tras el llanto del Ser, del Hombre, y del Cielo
se formen arcoíris de palabras-hechos.

Que el estilo surja de la entraña misma del subsuelo
de la profundidad enmarañada y enraizada
y que los efluvios floten, languidecidos, en armónica danza.

Pero que al encontrarse uno con el otro,
-y al reconocerse uno con el otro-
dupliquen sus fuerzas y aumenten el pulso
hasta que el choque fortuito las disperse
y envíe sus haces a los lugares más recónditos.

miércoles, 16 de junio de 2010

Apología de una no-apología (edición unilingüe y limitada)

Es posible que hoy no quiera hacer una apología de mí misma. Que los espejos se hayan roto de tanto mirarse. Que el aire mismo se haya cansado de mi respiración...

Pero. Espero. Eso que percibo es tan agudo, tan agudo y tan hondo, el chillido, el sonido ultrasónico. Da vueltas en la órbita cuyo sol se desplaza lentamente-casiimperceptible, de manera que no sabe que gira en la órbita cuyo sol no sabe que se desplaza, y lo arrastra.

Es posible que lo haya causado un exceso de subjetividad, un exceso de introspección, un exceso como cualquier otro. Un vicio como cualquier otro. Cuyo coma narcótico surja de la entrañas de manera imprevista, y brutal. Cuya pesadilla enmarañe los efluvios de la inconsciencia y forme una nebulosa. Abismal.

Es posible que hoy quiera servir un banquete freudiano y que mañana quiera reírme de las sobras y de los platos sucios. De la corrupción del comedor. De la mancha en la camisa, en la corbata y en la pollera. Del suelo y de todo lo que esto implica. De los dolores de cabeza y de la indigestión provocada.

Pero (es...pe...ro). También es posible que sólo quiera celebrar ese banquete, invitar a Fedro a discutir acerca de Eros (a él y a todos los otros), o preguntarle si se encontró con su otra mitad. No, no esa mitad. La mitad que alguna vez matamos. O mejor dicho. Que creímos que alguna vez matamos. Pero la encadenamos a una bicicleta con rueditas.

Tampoco esa mitad, o, también, esa otra. Creímos que era posible matarla (¿esto, acaso, no es también violencia?). Su funeral lo celebramos para los testigos y una vez despejado el cementerio dejamos al muerto sólito para que respire. Sólito y olvidado, como los demás muertos. Pero aún respiraba y su aliento era tibio como el de un recién nacido.

Y sí, también, esa mitad, que dejo una cicatriz enorme y vertical. Visceral y vertical como el eje terrestre.

Hoy no quiero hacer una apología de mí misma. Es posible que este mareada de mi subjetividad. Es posible que mañana no me ría y quiera matar a todas esas mitades que me atormentaron hoy. También podría intentar abrazarlas a todas y descubrir algo acerca de las fusiones. Es también posible que mañana borre del blog este dictado de mi consciencia, porque este post, como los perfumes de edición limitada, es un error de fábrica, o más específicamente, un error de los diminutos seres microscópicos que controlan el correcto funcionamiento de los motores del cerebro (leáse: lubricación de las visagras, engranajes, ajustes de tuercas, de ideas, afinación, represión y sustitución, etc)

El blog en algún momento necesitaba de una apología, pero, afortunadamente, no pudo ser.

sábado, 24 de abril de 2010

ARTE ABSTRACTO (1, 2, 3 disparen)



Delirium tremens túnica rústica
Atom túpido vortice tangente
Icono iconoclástico icono clásico
diácono polígono
Buu taka heart karma
mother reveerterper talismoon dico


...filantropía...plusvalium...filantropía...
llammma
libris hybris ti bi ris bis
tibiris liberis campus a ún
Doremi doremi doremifalsollasi
Doremi doremi doremifasollasi
tibiris liberis campus a ún
libris hybris ti bi ris bis
llaaammma
...filantropía...plusvaliumm..filantropía...





Kandinsky- "Giallo, rosso, blu"

lunes, 29 de marzo de 2010

Sobre las maneras de decir nada

Por qué, cuándo, por consiguiente, y en efecto, he decidido escribir sobre la "nada". La nada está presente en todas las cosas, como desvarío de las cosas absolutas. Sí, ahí donde está lo absoluto está la nada proclamando su existencia, pegando saltos para que la vean desde el fondo del salón donde una multitud más alta y multitudinaria pretende lo mismo ¿Acaso existe? La nada... ¿existe? Ese espacio sin objetos, tiempo sin sucesos, neuronas sin conexiones suficientes, repetición de la costumbre por costumbre, vacuo incesante de los cuerpos.

Es demasiado para no decir nada acerca de ella, hay que nombrarla, pero es…nada. El lenguaje nos crea esas contradicciones al significar cosas como la nada, imposibles de abarcar, imposibles de señalar. No pasa por una cuestión de corporalidad, ni de sustantivos abstractos y concretos, pasa por un absurdo, semejante a este:

-¿Qué queres comer?
-Nada.
-¿Comer nada? ¿Se puede comer la nada?
- No quiero comer nada.
-Entonces queres comer algo, si "no" queres comer nada.
(Relaciones que implicaron este tipo de diálogo han terminado abruptamente)

-Contame algo
-No tengo nada para contar
-¿Cómo nada?
-Nada... ¿Qué querés que te cuente, o que invente?
-Es imposible que no tengas nada que contar, tus células ya no son las mismas de ayer, respiraste más smog, te bañaste en más rayos ultravioletas, tu perro orino en otro lado…
-Mi perro sigue orinando en el mismo lugar desde hace varios años
-Si, porque es un perro, y vos lo llevás siempre al mismo lugar a orinar, pero vos no, creo o eso parece
-¿Cómo?
-Es el collar, no todo el mundo tiene por qué saber que sos fanático de la película Danny de Dog.
(Relaciones de este tipo también han terminado abruptamente)


Y esto tiene que terminar necesariamente de forma abrupta....

sábado, 20 de marzo de 2010

Don Juan venido a menos

Hubiera preferido no escribir acerca de esto, algo muy en el fondo teme pecar de feminista, y no quiere ni siquiera rozar esa temática tan vulgar, o mejor dicho tan vulgarizada, que suena a amarillista, a programa de chimentos, a la obviedad de la existencia retocada y “tuneada” (esto aún puede ponerse peor, el cliché amenaza con corromperme cada vez más).

Pero hecha la salvedad o la disculpa por haber siquiera nombrado esa temática (salvedad o disculpa que también merece otra salvedad o disculpa) sigo con lo que sigue, el relato propiamente dicho, ya que lo pedís a gritos.

Todo comenzó con esa alucinación nefasta, en la que Fausto se veía corriendo de una multitud de mujeres vestidas de blanco, quién sabe por qué vestidas de blanco. Algunas de ellas ensuciaban sus vestidos con el exceso de maquillaje negro que junto con sus lágrimas saladas y su dolor crónico salían de esos poros chispeantes. Todas lo perseguían a Él y a su smoking negro, a Él y a su parafernalia sensual. Imposible no sentirse un Semidios, un Aquiles con su talón resguardado. Pero no, Fausto se hubiera puesto un repelente antes que un desodorante, hubiera vomitado la cerveza a su partenaire o se hubiera enterrado en la arena de pies a cabeza.

¿Y a quién se le ocurre acercársele vestida de blanco, con unas sutiles y elegantes líneas negras enmarcado sus terribles ojos? Tiene que ser una lunática con poco sentido de la ubicación del eje terrestre, o una trasnochada con poco sentido de ubicación de los polos. Y definitivamente tiene que encantarse con su aire infantil e inofensivo, con su inteligencia y humor servido en la justa medida.

Llegaba un momento en que Fausto comenzaba a transpirar ante la presencia de esa femme también encantadora, locuaz e inteligente. Todo su ser se volvía una náusea a punto de exteriorizarse y comenzaba a emitir sonidos balbuceantes que de a poco se iban convirtiendo en un tartamudeo que golpeaba la puerta para entrar e instalarse definitivamente. Escuchaba la sirena que le marcaba la huida pero iba a buscarse un vodka con licor de kiwi y continuaba, o empezaba de nuevo, la frustrada conversación.

Ahora necesitaba un paracaídas o un ungüento mágico para escabullirse de la zona de batalla, una vez visualizado y estudiado el enemigo, y convencido de su calidad como tal. No era homosexual ni misógino, tampoco abstemio, vale aclararlo. Ellas eran el problema, ellas que eran una sola, moviéndose en multitud, un ejército de Ariadnas tejedoras con las que era mejor cortar los hilos, poniendo en peligro la vida si fuera necesario. Ellas con su vestido blanco ¡tan blanco! Y sus mejillas rebosantes de vitalidad y florecimiento. Pero nada de enredarse en ese ovillo mullido, que los gatos robaban en la siesta. Como Altazor, iba rumbo hacía una muerte que quería para él solito.



jueves, 4 de marzo de 2010

Presentación en sociedad de un libro infinito por un autor desconocido


Es una costumbre extraña, la de coleccionar pensamientos. No hablo de esas ideas de magnitudes colosales como la invención de la rueda o el descubrimiento del átomo o del inconsciente, sino de aquellas chispas neuronales que a cada rato nos visitan con ocurrencias extravagantes y absurdas. No es posible desprenderse de ellos ni mucho menos dejarse conducir por ellos; por lo que resulta doblemente extraño intentar coleccionarlos. Son aquellos pensamientos que nunca nos harían gritar su autoría, muchas veces nos avergüenza el sólo hecho de su ocurrencia, y a los pocos segundos olvidamos que existieron.

 Hoy por ejemplo anoté en el cuaderno, del que no me desprendo ni un segundo, doce mil quinientas ocurrencias nimias. De estas les leo un fragmento para darles una idea de lo que se trata:

 “Hace más de tres meses que este cepillo de dientes cumple su función, por lo tanto es hora de decidir su extremaunción”;  “¿En qué momento se duplicó la población de cucarachas de la cocina?, ya supera a la media de hormigas del patio”; “Su cuerpo recostado, el mechón de pelo cubriéndole la mitad del rostro, las muletas al lado del ropero” (sobre esto anoté en el margen del cuaderno “recortar los pensamientos de índole sensual por cuestiones de espacio y tiempo”; así que prosigo después del recorte):  “Que pasaría si nos pidieran una moneda a cambio de cumplirnos un deseo, disfrazados de Genios, y no vinieran con las zapatillas rotas”; “Imposible cruzar calle Rioja, sin un semáforo”;  “Estamos asistiendo al funeral de la lógica, engalanados, engolosinados, aglutinados y con olor a rancio y a descafeinado”.

 Ya sé que van a pensar, cómo debe estar esa cabeza para pensar tantas nimiedades, qué perdida de tiempo, hasta yo lo pienso, así que no importa.

 Más abajo dice “Por qué leí tantas veces el Infierno, y me interesaron mucho menos las otras dos partes”; “Cómo se llama el escritor de esta novela, Moulin Rouge, recuerdo el nombre del protagonista, Henri Marie Raymond de Toulouse-Lautrec-Monfa Tapié de Celeyran, conde de Toulouse-Lautrec-Monfa, pero no el nombre del escritor que escribió la novela biográfica”;  “Existe este género literario o lo estoy inventado”;   “Mi mente ahora se puso en blanco, pero no está realmente en blanco porque se da cuenta de que está en blanco, si realmente estaría en blanco estaría inconsciente, si sigo pensando que mi mente está en blanco se va a convertir en una nebulosa y va a seguir en este estado de extrema blancura, es cómo cuando te preguntan ¿qué estás pensando? Y respondés nada, cómo te voy a explicar que mi pensamiento va a hacía adelante y se va renovando cada segundo, ni que en el preciso momento en que me preguntaste qué estoy pensando, dejé de pensar en lo que estaba pensando para pasar a pensar en otra cosa, cómo por ejemplo, por qué me hacen esa pregunta tan seguido (alguien que sepa leer jeroglíficos para la mesa cuatro, la propina es mala y puede ser devastador), no sé sí realmente hacen falta más aclaraciones sobre este punto, está más que blanco, perdón, más que aclarado”; “¡Pierre la Mure!, por fin…”

 “Hay que ejercitar la memoria: tráquea, omóplato, fémur, húmero...cóccix...carpos, metacarpos, falanges, eeemm....tarsos, metatarsos, falanges....eemmm... columna verteeeebralllllll.... tibia, peroné, radio... vértebras lumbares, cervicales y toráxicas...eeemmm... mandíbula, pelvis, sacro, clavícula, cráneo...calcáneo…etcétera, etcétera, etcétera”

Creo que lo que leí es más que suficiente para que se hagan una idea del libro. Las entregas son semanales, van a encontrar las versiones completas, sin recortes, todos los domingos en su kiosco de confianza.



N. de R: el discurso del autor desconocido se transcribió tal cual como fue dado un domingo de agosto, en una plaza pública, bajo la lluvia, después de un recital de trip-hop.


L.M

domingo, 28 de febrero de 2010

Espejos!

¡Cuántos espejos!
Rosados, sombríos, ensimismados
Azules, opacos, convexos
De latitudes llanas, rocosas, persistentes

La lupa engranada entre mi antorcha y el acero
Dónde mi mundo se reduce a un punto en el espacio
Y el asco de ser subterráneo
Y el asco de las autopsias tempranas

¡Espejos, espejos por todas partes!
Nada de paredes, sino espejos
Subsumida en el latifundio de unos ojos inescrutables
Que todo lo acechan
Que nada desplazan
Me perdí en el laberinto
Perenne, aggiorando
De los espejos
Que pusiste junto al ara de todas las aras
Para que se arrodillen los infieles
Y se estrangulen mis entrañas.

L. M.